7 razones para una relación humano-animal infeliz

Cuando el vínculo falla
Muchas veces escuchamos la frase “vínculo humano-animal”. La palabra “vínculo” parece implicar que todo es cálido, tierno y positivo. Pero no todas las relaciones de los humanos con los animales de compañía son exitosas. Hay complicaciones, y a veces, las relaciones se vuelven francamente un fracaso. Algunas personas que adquieren una mascota para sí mismos o para un niño, no tienen una capacidad real de vincularse con el animal, porque simplemente no existe la simpatía necesaria para ello. Algunas veces sucede que un humano en particular no logra vincularse con un animal en particular, debido quizás a conflictos en los rasgos de personalidad de ambos, o a necesidades encontradas, lo que crea demasiada tensión y no suficiente amor mutuo. Y por supuesto, a veces existe un fuerte lazo entre una persona y un animal, pero sin embargo la relación no funciona debido a que el animal tiene problemas de comportamiento o necesidades emocionales que el humano no está preparado para manejar.
La veterinaria Mary Stewart en su libro Companion Animal Death sintetiza algunas de las principales razones por las cuales las relaciones humano-animales pueden no ser exitosas.

1) Elegir el tipo de animal equivocado, o la raza incorrecta, para los estilos de vida y expectativas particulares de cada uno. El caso clásico es la familia ya demasiado grande que adoptan un labrador amarillo (igualito al de la película de Marley), pero que está demasiado ocupada para tener un animal, y mucho menos uno que es dependiente de la interacción y que necesita muchísima atención.
2) Tener expectativas poco realistas o demasiado específicas. Quizás, por ejemplo, alguien que adquiere un gato porque quiere un animal que se arrolle tranquilamente en su regazo. O quizás alguien que adquiere un perro grande para proteger su casa, pero luego descubre que ese perro en particular es más propenso a lamerle la cara a un extraño que a ladrar o gruñir.

3) No entender que tener una mascota implica trabajar duro y que hay aspectos que son difíciles. Parece tan divertido tener un cachorro…pero una vez que llega a casa, te das cuenta que además de los mimos y del olorcito a cachorro, tener esta criatura implica levantarse de noche, limpiar pis del suelo, salir a caminar aunque no tengamos ganas, que nos despierten a las 5 de la mañana en nuestro día libre, y encontrar agujeros en nuestros zapatos preferidos.

4) No ser realistas acerca del compromiso financiero que implica cuidar a un animal. La ASPCA () estima que tener un perro cuesta entre 1300 y 1500 dólares al año, y un gato un poco más de 1000, asumiendo que no surjan necesidades veterinarias especiales. Aún tener un hamster cuesta cerca de 700 dólares por año.

5) Ignorancia acerca de la educación y la socialización. Los “problemas” comportamentales son la principal causa por la cual los perros y gatos son abandonados en refugios, y la razón primaria por la cual los animales sanos son eutanasiados. La mayoría de las veces la falla reside en el humano, y no en el animal. Las personas pueden ser entusiastas acerca de enseñarle a un nuevo cachorro a sentarse, pero la educación requiere disciplina y un trabajo continuo con el animal durante toda su vida, en la cual habrá un sin fin de negociaciones comportamentales y emocionales entre ambos. Los patrones de conductas del animal pueden cambiar a medida que envejece, e incluso se pueden desarrollar nuevos comportamientos, a veces difíciles de manejar. Debemos trabajar mucho para moldear el comportamiento de un animal para que se acomode a nuestras necesidades y expectativas, y es injusto culpar al animal por fracasar en aprender, cuando en realidad somos nosotros los que fracasamos al enseñar.

6) Ignorancia acerca de las necesidades del animal. Algunos podrían, por ejemplo, decidir tener un dálmata, porque a su hija le encantó la película 101 Dálmatas y los cachorros son demasiado adorables. Pueden no saber (por no informarse adecuadamente) que los dálmatas necesitan mucho ejercicio, y que pueden volverse bastante “locos” si no se les provee la estimulación física y mental suficiente. O alguien podría pasar por una tienda de mascotas y comprarle a su hijo un cangrejo ermitaño con la caparazón pintada como spiderman. La mayoría de estos cangrejos comprados por impulso mueren, ya que los humanos que los adquirieron no saben que el cloro del agua de la canilla lo matará, o que necesitan un ambiente con mucha humedad, o que los cangrejos ermitaños no son ermitaños, y que en realidad necesitan la compañía de otros cangrejos.

7) Las 6 primeras razones tiene que ver con responsabilidades y expectativas humanas. Pero a veces, algunos animales también pueden ser difíciles de querer. Pueden tener una personalidad que no sea compatible con la del humano, ambos pueden no agradarse mutuamente, o un animal puede tener peculiaridades difíciles y desafiantes, como por ejemplo ansiedad severa. Algunos animales pueden incluso exhibir comportamientos realmente problemáticos, como la agresión extrema o impredecible.

Cuando el vínculo falla, las cosas pueden ponerse feas. Desde el punto de vista del humano, el fracaso para vincularse puede ser exasperante y decepcionante. Puede generar sentimientos de enojo y frustración hacia el animal, y a veces culpa e inseguridad en la persona. Para los animales, las cosas pueden ser mucho peores. Como mínimo, puede encontrarse atrapado en una casa donde no es querido o es descuidado. Cuando el humano siente enojo y frustración hacia el animal, esto causa muchas veces que éste sea injustamente rezongado o castigado. Y frecuentemente cuando una relación no prospera, el animal termina en la calle, o en un refugio. O en el peor de los casos, siendo sacrificado.
Como podrás notar de las razones del fracaso, la mayoría de las relaciones no-exitosas son evitables: antes de traer un animal a nuestras vidas, deberíamos ser sinceros acerca de nuestras intenciones, expectativas, y recursos disponibles (especialmente el tiempo y dinero). Al igual que en las relaciones humanas, las dificultades pueden muchas veces ser solucionadas con la ayuda de asesores idóneos, como ser entrenadores o veterinarios calificados, dependiendo de la situación.
También debemos tener en mente con los animales, al igual que con las personas, la sabiduría del monje budista Thich Nhat Hanh: “Aquellos que son más difíciles de amar, son generalmente los que más lo necesitan” .

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