El espectro del Comportamiento

Verónica Ventura para Eto-Blog
behaviorspectrum
© Illustration by Roger Abrantes with drawings from Alice Rasmussen
Lo enigmático de las ciencias del comportamiento es que no se trata de ciencias exactas, en el mismo sentido en que pueden serlo la física o las matemáticas. Como dice Roger Abrantes, es útil pensar en el comportamiento como el espectro de la luz: es tan difícil decir cuando el amarillo se convierte en anaranjado, como cuando un comportamiento se transforma en otro. Es un continuo de cantidad, perceptible a través de su duración, y descriptible solo cuando la cantidad se transforma en calidad.

Los comportamientos amigables, inseguros, pacificadores, y temerosos forman parte de un continuo, al igual que los asertivos, los confiados y los agresivos. La distinción entre dos conductas es un asunto de función, y la linea divisoria entre una categoría está relacionada con las habilidades observacionales, los parametros contextuales y las convenciones en el tema; la forma en que lo entendemos depende de las definiciones usadas.
A nuestro cerebro le gusta ordenar la información almacenada en pequeñas cajas etiquetadas, pero cada tanto, es un buen ejercicio mental desordenar todo y obligarnos a ordenarlo de otra forma, aunque sea por un momento.
En las ciencias del comportamiento nos gusta catalogar, medir y cuantificar estos continuos, ya que es necesario para adoptar convenciones y poder evaluar resultados. Pero no debemos olvidar que lidiamos con un gradiente sumamente dinámico, en donde cada color (conducta) se difunde en las demás a diferente velocidad e intensidad, dependiendo del individuo y el contexto.
Los animales somos individuos con una biografía, además de biología. Nuestros genes, experiencias de vida, aprendizajes, relaciones sociales y temperamentos nos moldean y condicionan el espectro de conductas en el cual nos movemos.

 

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