Usar la nariz hace a nuestro perro optimista: los trabajos de olfato inducen sesgo cognitivo positivo en perros.

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A pesar de los miles de años de co-evolución con el humano, un primate bípedo sin pelo que como tal depende de la vista para navegar e interactuar con el mundo, los perros siguen manteniendo el olfato como principal canal perceptivo a la hora de hacerlo.  

Por lo tanto todos sabemos (o al menos deberíamos) que a los perros les gusta oler. Y no solo eso, sino que un nuevo estudio de las Dras Charlotte Duranton y Alexandra Horowitz muestra que las oportunidades de usar la nariz y tomar decisiones en los trabajos de olfato también mejoran el bienestar de nuestros perros. 

Encontraron que los perros que participaron en trabajos de olfato aumentaron su optimismo comparado con los que participaron en trabajo de obediencia en junto. Lo que es importante, ambas actividades involucraron movimiento y premios de comida como refuerzo positivo. La diferencia es que el trabajo de olfato brinda la oportunidad de usar la nariz y tomar decisiones acerca de lo que están haciendo.          

El estudio usó un (muy de moda) test de sesgo cognitivo (optimismo o pesimismo) en el cual los perros eran primero entrenados a que cuando se coloca el plato en un lugar determinado siempre contiene comida, mientras que en otro lugar siempre está vacío. Luego la prueba involucra un plato vacío colocado en un lugar equidistante de los anteriores, donde se interpreta el tiempo que le lleva al perro acercarse a este nuevo plato vacío (latencia, en idioma técnico) en esta nueva ubicación como reflejo del optimismo de que contenga un pedazo de pollo. 

Participaron 20 perros adultos de varias razas y cruzas, la mitad de los cuales se involucraron en una actividad de olfato con su dueño, mientras la otra mitad hicieron trabajo de caminar en junto. En ambos casos el perro primero participaba con su dueño en clases grupales de cada actividad y luego practicaban una vez por día en su casa por dos semanas antes de la prueba. Cada actividad fue estructurada para que hubiera cierto desarrollo desde el comienzo al final, agregando las dificultades de a poco. Por ejemplo, en el trabajo de caminar en junto se fueron agregando número de pasos y luego incorporando cambios de dirección. De la misma forma, en el trabajo de olfato primero los perros debían encontrar un premio dentro de una caja, y luego en tres, para luego pasar a que las cajas estaban más separadas o sobre sillas para aumentar el desafío.  

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Alf y Uma buscando premios en una alfombra de olfato.

Antes de las actividades, no se observaron diferencias entre ambos grupos en el test de sesgo cognitivo. Al final de las dos semanas, la latencia para los perros en el grupo de trabajo de olfato para acercarse al plato fue significativamente menor (o sea eran más optimistas), mientras que para los perros en trabajo de junto no había cambiado. 

¿Por qué esta diferencia si ambas actividades les brindaban la oportunidad de ganar premios de comida?

Una razón podría ser que en el trabajo de olfato, los perros tienen muchas más oportunidades de hacer elecciones sobre lo que están haciendo, ya que pueden moverse libremente en el espacio y entre las cajas, lo que implica a su vez resolución de problemas. Este otro estudio ya mostró anteriormente que la oportunidad de resolver problemas hace a los perros más felices, y no solo porque obtienen comida. 

Otra razón podría ser que toda oportunidad de enriquecimiento ambiental que les permita a los perros usar su sentido más importante y expresar las conductas normales para la especie, va inevitablemente a brindar disfrute y mejorar el nivel de bienestar.  

Este fascinante estudio es uno de los tantas investigaciones recientes en las cuales los científicos tratan de entender qué tipo de actividades mejoran el bienestar de nuestros perros (se viene más sobre esto en un futuro post!). 

Asi que preguntate, ¿Qué oportunidades le estás dando a tu perro de tomar sus propias decisiones y de usar la nariz ultimamente?

 

Referencias:

C.Duranton, C. y Horowitz, A. (2019). Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs. Applied Animal Behavior Science, 211: 61-66. https://doi.org/10.1016/j.applanim.2018.12.009

McGowan RT, Rehn T, Norling Y, & Keeling LJ (2014). Positive affect and learning: exploring the “Eureka Effect” in dogs.  Animal cognition, 17 (3), 577-87. https://doi.org/10.1007/s10071-013-0688-x